Robert De Niro acaba de cumplir 83 años, sigue encadenando estrenos (casi) sin despeinarse y su secreto no tiene nada que ver con dietas de moda ni con entrenadores militares. En una charla con el locutor Scott Mills para el programa matinal de la BBC Radio 2 (recogida más tarde por La Nación) que su método actual se basa en una mezcla de gimnasio tradicional y artes marciales. "Para mí, la clave del ejercicio es la constancia" decía el actor. Y la inspiración para esa disciplina le llegó en plena crisis de la mediana edad.
Y es que al cumplir los cuarenta, el protagonista de Taxi Driver decidió tomar como referencia a los bailarines profesionales porque, en sus propias palabras, ellos siempre trabajan, practican y ejercitan. Nada de machacarse tres meses para lucir tableta y luego abandonarse. Los bailarines no compiten por levantar más kilos, sino por dominar su propio cuerpo en el espacio. La única manera de mantenerse en forma, sostiene el neoyorquino, es entrenando con esa misma dedicación durante todo el año.
De hecho, su rutina combina tres frentes muy concretos: pesas, trabajo cardiovascular y tai chi. Esta última disciplina la practica junto a su pareja, Tiffany Chen. Y aquí la cosa tiene truco (o más bien, mucha coherencia), porque Chen es una instructora profesional de artes marciales con varias medallas de oro internacionales en su palmarés. Ambos se conocieron en 2015 durante el rodaje de El becario, donde ella le enseñó precisamente los movimientos fluidos de esta técnica milenaria, y desde entonces comparten la afición. Al menos, tener a la experta en casa elimina cualquier excusa para saltarse la sesión.
Alrededor de la salud de De Niro
Pero si hablamos de la verdadera resistencia del actor, hay un nombre que explica gran parte de su aguante cinematográfico. Se trata de Dan Harvey, su entrenador personal de confianza desde hace cuarenta años. Harvey entró en nómina en 1985 y han trabajado juntos en casi un centenar de rodajes. Para que nos entendamos: si el intérprete tenía que subir de peso, adelgazar o muscularse para un papel, allí estaba Harvey ajustando las repeticiones y la dieta.
Seguro que recordáis la imponente presencia de Max Cady en El cabo del miedo (1991). Pues bien, De Niro se sometió a un régimen espartano durante meses para lucir definido y fibroso. Y un año antes, el preparador lo tuvo sudando la gota gorda durante veintiún días seguidos en Montauk para avejentar su postura de cara a su aparición en Uno de los nuestros. El año pasado, durante un juicio laboral en Nueva York, el propio Harvey declaró que el actor es un jefe generoso, aunque reconoció que de joven le tocó aguantar más de un grito por la tensión de los platós. Al fin y al cabo, esa exigencia mutua forjó una de las carreras más sólidas del cine.
Ahora, las palizas extremas en el gimnasio para encarnar a psicópatas vengativos han quedado atrás. A sus 83 años, el ganador de dos Óscar se toma las exigencias con otra filosofía. Como ya recordaba Espinof al repasar su actitud ante las críticas y la vejez, cuando llegas a cierta edad simplemente asumes que hay cosas que no van a cambiar. Lo cierto es que esa madurez también se aplica a los músculos. Así que de retirarse a descansar en el sofá, nada. El tai chi le aporta ahora la concentración, la flexibilidad y el equilibrio para proteger las articulaciones, algo vital para prevenir caídas y que los levantamientos pesados de su juventud ya no pueden darle.
Foto | Petr Novák vía Wikimedia Commons
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