Si hace quince años alguien me hubiera dicho que los cartones con los que jugábamos en el patio del colegio iban a cotizar más alto que muchas empresas internacionales, no me lo habría creído. El Juego de Cartas Coleccionables de Pokémon ha dejado de ser un pasatiempo para convertirse en un campo de minas financiero, donde el jugador que solo quiere echar unas partidas convive (a duras penas) con especuladores armados con presupuestos de inversión.
Esta misma semana, en una entrevista que recoge El Español, Asier, el dueño de la tienda online PokePacks y del próximo local físico CardZone en Bilbao, donde ya trabajan diez personas, confirmaba lo que todo internet dice. Tras recuperar su colección de la infancia durante la pandemia y fundar su propio negocio, ha visto de primera mano cómo el mercado ha mutado: "Son como criptomonedas, el que quiera hacer dinero con ellas, puede", afirma. Para él, los inversores externos son la mayor lacra que existe en el mundo de estas cartas. Acaparan el producto y lo guardan sellado durante años para inflar el precio artificialmente.
Fíjate en esto: para el ansiado 30 aniversario de la franquicia, CardZone limitó la venta a una caja por cliente intentando que la colección llegara a los jugadores reales. ¿Resultado? Agotaron las existencias en apenas dos minutos con más de 1.500 pedidos. A estas alturas cuesta creerlo, pero la demanda devora cualquier intento de estabilizar los precios oficiales en los comercios.
El síntoma más bestia de esta burbuja es la infame carta Pikachu Illustrator. En su entrevista, Asier la cifra en casi 14 millones de euros, recordando el mediático caso de Logan Paul, quien la adquirió en su día por 5 millones de euros. Y tiene su lógica: según los registros, solo existen alrededor de 40 ejemplares en el mundo repartidos originalmente en concursos de ilustración japoneses a finales de los noventa.
La fiebre del oro, o de las cartas Pokémon
Incluso existe un índice para seguir los precios en tiempo real. Se trata del Pokemon Card Index (PV100), diseñado a imagen y semejanza del S&P 500 para monitorizar el valor de las cien cartas más codiciadas. ¿Suena bien? Pues la verdad es que no tanto, no. A diferencia de la bolsa tradicional, este mercado secundario carece de garantías oficiales, de modo que el precio lo acaba marcando la pura desesperación del comprador de marras.
Seguramente, a estas alturas dirás "entonces los jugadores reales nos quedamos sin cartas, ¿no?". Pues sí y no. Si quieres las ediciones exclusivas en físico, prepárate para competir contra granjas de bots e inversores; pero The Pokémon Company no es ninguna novata y ha encontrado la válvula de escape perfecta en el terreno digital con Pokémon TCG Pocket y Pokémon TCG Live.
A Pokémon se le pueden criticar muchas, muchísimas cosas; pero si Game Freak y sus socios pueden presumir de algo es de saber dónde está el dinero y, a la vez, de cómo retener a la comunidad. Mientras los especuladores de turno se pelean por cajas precintadas a precios disparatados, las versiones de móviles se erigen como la alternativa segura para jugar. Mi experiencia es solo una parte diminuta de todo eso, pero diría que poder abrir sobres cada día y coleccionar sin dejarte el sueldo en el intento es un alivio bastante necesario para el aficionado medio.
Como señala el propio Asier, el ciclo no terminará pronto, porque los niños que hoy juegan se convertirán en los nostálgicos del mañana. Desafortunadamente, el mercado físico seguirá siendo un terreno hostil plagado de reventa. Habrá que ver si en unos años esta fiebre financiera se desinfla, o si nos acostumbramos del todo a ver nuestras viejas cartas base como los lingotes de oro del futuro.
Foto | Tyler Mascola (vía Pexels)
Ver 0 comentarios